domingo, 31 de octubre de 2010

Xenofobia constitucional (11/03/2010)

(Artículo escrito para una revista del instituto)

Ya se hacía oír a inicios del 2009 la vuelta a la política de las minorías islamistas de España yendo más allá de lo que suponía presentarse a unas simples e inocentes elecciones municipales de un pueblo cualquiera. Cierto es que años anteriores, empresas como estas habían visto frustrados sus intentos de llegar al poder como el Partido Nacionalista del Rif o el Partido Hispanobereber pese a que se habían iniciado en ese rincón tan extraño y a la vez cercano de España como es Ceuta donde está vigente y en pleno crecimiento la convivencia del Islam con nuestra antigua Europa, y donde los partidos islámicos han ido aumentando sus votos desde 1999. Pero este nuevo partido que se presentará a las elecciones municipales de Granada en el 2011, llamado Renacimiento y Unión creado en la misma ciudad pareció ser digno de llamar la atención de nuestros cómodos sillones peninsulares y se presentó (y se presenta) como la voz de la comunidad musulmana en España y de otros inmigrantes para defender y luchar por sus derechos. Fuera o no fuesen estas sus intenciones, rápidamente se alzaron voces en contra acusándola de un carácter extremista y radical e incluso de pretender “reconquistar” la península y recrear Al-Ándalus. Parece mentira que el simple hecho de que una minoría busque tener una representación política en una ciudad donde su número supera los 20000 creyentes como ocurre en Granada, provoque tanta controversia en una sociedad y en unos tiempos en teoría tan avanzados donde la misma política promulga la igualdad, parece que la xenofobia está todavía demasiado arraigada en nuestras raíces y que rebosa por los bordes de un vaso que tiembla al más leve movimiento. Son minorías cierto, pero por mucha minoría que sean no dejan de ser españoles (puesto nacionalizarse significa esto, señores) y personas antes que nada, y por lo tanto e incluso siguiendo el axioma base de las matemáticas que dice: A=A, son exactamente iguales que nosotros y en consecuencia tienen el mismo derecho a tomar parte de los deberes y derechos de los que disfrutamos el resto de ciudadanos españoles. Votan, pagan impuestos y van a la guerra igual que nosotros, y lentos han sido si no han buscado hasta ahora que se les escuche sus peticiones en el ayuntamiento de su ciudad, porque igual que los más inclinados hacia la izquierda votan a “los verdes” y los más conservadores dan su confianza al PP, las minorías como la población musulmana buscan también quien les represente y luche por sus creencias e ideales, siendo esto un derecho propiamente constitucional que nos hemos atrevido a poner en juicio solo porque quien lo reclama le reza a Alá en vez de a San Diosito.

Nuestro mundo tiene que cambiar y eliminar ciertos aspectos, como la xenofobia y el racismo, para poder avanzar, pero para eso antes claro está debe arrancar los pies del sustrato donde están descansando y cambiar de sitio, en palabrillas más simples, para que el mundo cambie tienen que cambiar los individuos que lo forman. Los gobiernos pueden crear todas las leyes que les venga en gana y que sean estupendas y que defiendan valores fundamentales como la igualdad y el respeto, pero mientras la población no se haga consciente de ellas de poco habrá valido gastar la tinta y los folios. Es de lo más normal andar por la calle y mirar con especial atención a esa mujer que va de oscuro y se cubre la cabeza con un pañuelo, o a personas de color que visten y actúan igual que nosotros, por mucho que aceptemos su condición al mismo nivel que la nuestra siempre causa impresión ¿verdad? ¿Por qué? Porque hay demasiados prejuicios en nuestras mentes, y estos hacen que comentarios del tipo: “Los rumanos son gitanos malos, y han venido solo a robar” o “Todos los moros son unos saboríos y huelen mal” Vale, sé que resulta ofensivo y pido disculpas por llevar a las letras estas palabras pero uno llega a horrorizarse de lo que se puede llegar a escuchar. Quizá deberíamos aprender a ponernos en el lugar de los demás y pensar, ¡sólo pararse a pensar un minuto! Pensar lo que están pasando estas personas, que se han visto obligadas a dejar atrás a sus familias y sus costumbres para buscarse un futuro mejor en un país extraño, incluso jugándose la vida para llegar, y cuando lo consiguen se ven inmersos entre miradas extrañas y llenas de desconfianza y exclusión, son extraños en una cultura nueva a las que llegan apenas con medios para ganarse la vida y con serios problemas legales por no hablar de los sociales, que suelen acabar muchas veces en conflictos por desgracia, y decidme, ¿no muerde un perro si está acorralado y asustado? ¿No pueden sentirse iguales frente al trato injusto que les solemos dar? Habitualmente escuchamos problemas y delitos que a menudo protagonizan inmigrantes pero qué casualidad que la mayoría suelen tener más eco que si la hubiera protagonizado un autentico macho hispánico.

A las sociedades conservadoras como lo es la nuestra en mayor o menor grado, nos cuesta afrontar los cambios pero hemos de adaptarnos a ellos y sacarles todo el provecho posible dejando atrás prejuicios y estupideces como la xenofobia, el racismo o el machismo, todos somos iguales y hasta que no aprendamos esto, miles de personas seguirán descontentas e incapaces de llegar a la felicidad a la que tendemos todos los humanos, las leyes serán inútiles e irán desacordes con su tiempo y el mundo será todavía más oscuro en comparación con lo bello que podríamos hacerlo para todos

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