domingo, 31 de octubre de 2010

General!!!!

Y de pronto me di cuenta que estaba solo, de nuevo, allí solamente quedaba mi cuerpo apenas apoyado sobre una quebradiza espada que amenazaba con arrojarme al suelo. Todos habían caído, amigos y enemigos, yacían en el suelo inmóviles con una expresión en la cara que nunca podré olvidar. Pero por aquel entonces poco me importaba, ¡ojalá fuera yo uno de ellos! ¡ojalá hubiera tenido la suerte de morir rápido y no tener que volver a pasar por lo mismo! El aire quemaba mis irritados pulmones, que seguían un ritmo lento y tétrico igual que mi corazón que amenaza con pararse… pum…pum………pu-um. Rezo para que a cada latido le siga otro, y a cada calada de aire la continúe otra, no quería morir así, o por lo menos ahora pienso que no prefiero morir así, pero en aquel doloroso instante sí, lo deseaba me atrevo a decir.

Era testigo de la rebelión de mis piernas. Mi vida se fugaba por las heridas abiertas, como una cuenta atrás que se para cuando el contador llega a cero.

-¡Vamos! –grité sosteniendo las lágrimas de dolor- ¡No pienso caer así! ¡NO! ¡Muévete tullido de mierda!..- me gritaba mientras mis dedos entumecidos se sostenían en torno a mi improvisado bastón mellado por innumerables choques.

Un pie, luego otro, … así lentamente hasta llegar al borde del precipicio. No iba a saltar si es lo que pensáis. Una extensa llanura sembrada de fríos cadáveres se extendía delante de mí como una tétrica alfombra… solo quedaba yo. Cuantos inocentes habrían de morir en la misma batalla. Solo yo. “Esto no puede ser llamado victoria. No hay nadie que pueda clamar mi nombre, no hay nadie que pueda curar mis heridas!”

-General!!! –grité- ¡Hemos ganado!! Porque no declaras la victoria!!!! General!!!!

No hubo respuesta, lo busqué ansiosamente con la mirada, ¿donde diantres se había metido? Los generales no mueren en sus batallas, nosotros luchamos en ellas para su victoria.

-¡¡Generaaaal!!! –grité buscando consuelo- ¡Quiero irme yaa! ¡Pare esto de una vez!! ¡Declare la victoria!!!

Pero mi general no contestaba, entonces lo vi. Corría detrás del otro alto mando enemigo que huía del campo de batalla. Pero mi general no lo alcanzaba, el otro estaba menos herido corría demasiado para él. ¿Por qué no declaraba la victoria? Solo tenía que dejar al otro huir y mandarnos a casa.

-¡Generaaaa…-mi voz se quebró en anuncio de un oscuro fin- ¡Puedes pararlo!!! Mis heridas me duelen!! Estoy cansado de luchar…… estoy harto de esto!!!

Entonces comprendí, o mejor dicho acepté la verdad, el general buscaba el provecho propio, su misión era capturar al mando enemigo ¿Pero cuantas veces habría de repetirse esto? ¿Cuantas veces tendría que verme a mí mismo corriendo malherido detrás de lo que nunca llegaría a alcanzar? Porque ese era yo, y el Destino me castigaba obligándome a ver como caía una y otra vez en el mismo error.

-¡¡PARA DE UNA VEZ MALDITO!!!! –grité a pleno pulmón esperando que me escuchara- ¡O yo mismo te matare!! ¡TE JURO QUE LO HARE!!

Y entonces se paró, por unos momentos y me miró, y aunque estaba a millas de mi supe que sus ojos se habían clavado en los míos.

-¿Qué sentido tiene seguir luchando en una tierra muerta? ¿Por qué te empeñas en destrozarnos?

-¿Y qué sentido tiene no buscar respuestas? ¡¿Qué sentido tiene vivir sin un propósito, SIN UNA GUIA!? Yo seguiré buscando nuestro camino, por mucho que sufra, por mucho que me hieran. Si pierdo un brazo pues con el otro blandiré mi espada. Si pierdo una pierna me apoyare en lo que sea, y si pierdo todos los miembros pues me labrare un camino con los dientes.

Me desperté acalorado, perdido en un millar de pulsaciones teniendo aún fresco de recordar el sueño, o la pesadilla que hacía que un sudor frío se fundiera en el desierto que era entonces mi espalda. ¿Para qué seguir luchando como me decía el general? Si lo que le seguía a la lucha era más dolor y una soledad que se extendía como un foso ante él, sería de soñadores querer ver la luz al fondo de la oscuridad, ver el ser en el fondo de la nada. ¿Pero por qué dejar de luchar como me pedía el soldado? ¿Tan cobarde soy que no me atrevo a buscar la luz? A veces creo que esa es la razón, el miedo es el peor de los paralizantes y toma especial saña con los débiles de voluntad. ¿Seguir tal como hasta ahora con la esperanza de que sin cambios no habrá nada que me pueda daña más? ¿O buscar la gruta que me lleve a la felicidad sin saber a ciencia cierta a donde me llevará? Hasta que me decida, seguiré espantando a mis demonios y mirando con ojos de cordero a los ángeles que me esperan en el horizonte.


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