“¡Amo del Pasado y del Presente! –se mofó de sí mismo entre risas huecas, burlonas-. No soy amo de nada. Mi infinito poder es una falacia, estoy atrapado, ¡sí, atrapado! Al seguir sus improntas, sé que todo cuanto ocurre ya ha ocurrido antes. Veo a seres con los que nunca antes me había cruzado y, sin embargo los conozco. Oigo los ecos de mis palabras pronunciándolas. ¡Esa faz! –se desesperó, a la vez que auscultaba sus rasgos-. Ese semblante no es el mío ¿Quién soy? ¡Mi propio ejecutor!”
Sus desvarios resonaban en los recovecos de su mente, y no se dio cuenta de que los había manifestado en un grito desgarrado. En un frenesí, perdido por completo el dominio de sus acciones, el nigromante se clavó las uñas en su piel cual si su rostro fuera una mascara que pudiera arrancar de sus huesos.
-¡Detente Raistlin! ¿Qué haces? ¡Te lo suplico, reacciona!
Ajeno a esta llamada, persistió en su afán hasta que unas manos suaves y firmes al mismo tiempo aferraron sus muñecas. El mago forcejeó unos instantes. Pero su ataque de demencia no tardó en mitigarse. Las turbias aguas en las que se debatía se remansaron y, en su retroceso, le dejaron sereno, exhausto. Se despejaron sus sentidos, de tal modo que tomó conciencia de un lacerante dolor en los pómulos y, al examinar sus uñas, las halló manchadas de sangre.
-¡Raistlin!
Era Crysania quien así lo invocaba. El hechicero, sentado en la hierba, contempló su figura erguida frente a él. Advirtió que lo sujetaba para impedir que se lastimase y que, en sus pupilas dilatadas, se dibujaba una profunda angustia.”
(Leyendas de la Dragonlance, Vol. 2; M.Weis y T. Hickman)
Soltó el libro en la mesilla junto al movil y otros aparejos a la vez que se frotaba los ojos cansados tras horas de explorar los cuidados versículos de el segundo tomo de las Leyendas. Apagó las luces intentando conciliar un sueño con el que, irónicamente, llevaba días soñando; pero no pudo evitar sobresaltarse al ver una sombra que tomaba el libro y lo abría por la misma página que lo dejó.
-¿Cuantas veces has leído esa página? –dijo sin prestar atención a Kigo, que se destapó y se sentó en el borde de la cama.
-No sé, muchas.
-¿Por qué? –cuestionó mientras hojeaba el tomo.
-Pues no sé, …supongo que porque siempre me he sentido conectado con Raistlin –dijo mientras agachaba avergonzado la cabeza.
-o.O! Quieres convertirte en un dios sin importar lo que tengas que hacer? –preguntó con una mueca sarcástica.
-Idiota, claro que no. Hay otras formas de preguntar mas directas y menos estúpidas. –paró su discurso y tomo aire para empezar- Raist ha vivido siempre al margen de todos, le dejaban siempre al lado y si no lo hacían, era él mismo el que se encargaba de seguir así. Quiere demostrar al mundo que es alguien, que está ahí y vale mucho, solo busca una oportunidad. Aunque se ha desviado en su camino.
“Cuando cree que ha conseguido lo que busca, se crispa porque ve o cree que todo lo que ha conseguido –hemos conseguido- es una mentira. No sabemos que hacer ni que pasa, y eso da mucho miedo y angustia. Sin embargo no quiere mostrarse a los demás, no quiere que le vean débil o frágil, se lo guarda todo dentro, metido en una bolsa de pinchos y cuchillas que no para de girar y descomponerlo por dentro. Pero no se da cuenta de esto hasta que no llega alguien y le muestra que no es tal como lo ve, alguien que es muy especial para él aunque se niegue a decirlo. Pero lo reconoce.
-Buah, valla discurso –dijo en tono socarrón
-Entonces se encuentra en una situación jodidamente ambigua –dijo ignorando la burla-, quiere ser fuerte, y cree que los sentimientos solo le hacen débil, no tienen nada que ver con su arte ni con su fin, pero ama a Crysania y también la ansia a ella, pero él no es un humano corriente, no puede tomarla ni respirar su dulce fragancia. Elija el camino que elija cree que va a salir perdiendo.
-Y que elige Raistlin al final, no lo he leido
“-Estoy bien –dijo secamente-. Vete, necesito un poco de soledad”
Leyó Kigo con palabras textuales.

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