Kigo andaba solo por las calles de Ergoth, pero no por haber deicidio salir a pasear en tal estado, como acostumbraba a hacer en un tiempo pasado, sino que, por muy extraño que pareciera, allí no había nadie. Era como si todos se hubiesen esfumado, dejándolo todo atrás: bicis que antes llevaban niños alegres; periódicos de viejos carcamales discutiendo de la economía, y del gobierno (que siempre se equivocaba); coches aparcados y vacíos,… incluso los columpios añoraban a sus conductores con un lento y rítmico vaivén, coreado por el chirrido de la fricción de la cadena con las bisagras… una banda sonora fría y tenebrosa, propia de la mas terrorífica película de Hollywood. Pero poco le importó, o pareció no importarle al menos, a Kigo. Allí no había nadie, ni en ninguna otra ciudad, ni pueblo ni casa que hubiera visitado a lo largo de su odisea, una búsqueda de sí mismo, que como su semejante Ulises, no parecía nunca llegar a completar, la veia tan lejos de terminar…Pero ¿de verdad merecía la pena?
Fue deambulando en un infinito vaivén, entre edificio y edificio, entre titanes que se elevaban como viejos colosos de una civilización perdida, como en esa película en la que el protagonista descubre que todo el mundo que conoció, la mujer que amó, el país por el que entregó su vida, se reducía tan solo a una enorme estatua enterrada en la orilla del mar. A menudo se imaginaba cual sería su lugar ideal, un lugar donde, de un modo poco egoísta, no hubiera nadie, estuviera a parte del resto y nadie le mirara, para no tener que preocuparse de nadie más, ni que nadie sufriera por su culpa, para que nadie le cuestionara, para que él no cuestionara, para fundirse en una sombra lejos del ruido, el desorden, de la incomprensión y … cerca del equilibrio, un equilibrio interior que Kigo anhelaba, como un mago ama a sus poderes o el músico a las cuerdas de su guitarra. El mundo que se había imaginado era este, y se había topado en los morros con él. Y tuvo qué preguntarse obligadamente una cosa: ¿De verdad quería eso? ¿Qué hubiera elegido si hubiera tenido oportunidad? ¿Podría haber sido egoísta por una vez en su vida, mas allá de su mente? ¿De modo que afectara a los que mas quería?
-Cobarde –susurró una voz femenina a su espalda, tras una esquina.
-Otra vez tú, no desapareces ni cuando no haces falta, ya no queda nadie. No tienes porque incordi……aconsejarme más, ya nada que haga puede infundir en los demás, no me pueden hacer daño, ya … no están aquí.
-Cobarde –repitió en un siseo idéntico al primero, pero de forma inexpresiva- Tú has creado esto, tu mente lo ha hecho. Nadie se ha ido, simplemente tu te has marchado, los has echado fuera.
(o todavía no) susurró una voz en su cabeza.
-…
-Eres tú el que se ha marchado, y los has dejado plantados en un portal esperándote para cenar. Tú has sido el que le ha negado su vida al mundo. Cobarde –los ojos rojizos refulgieron entre las sombras mientras pronunciaba el último vocablo
-Yo no soy un cobarde –apartó la vista.
-¡No puedes seguir escondiéndote tras una cara de tranquilidad aparente! ¡muéstrate como eres! –la voz repentinamente se tornó dulce, pero no apaciguó la crispación del adolescente- ¿Qué es lo que temes? –le susurró al odio en un maternal y protector a la vez que lo rodeaba con sus brazos por detrás, como si en ese momento pudiera protegerlo de cualquier cosas que le amenazara.
Kigo cerró los ojos y dejó que su fragancia y la suavidad de su piel lo transportara a otro mundo de sensaciones, lejos del dolor que ahogaba su alma. (N. del escritor: esto NO es una escena erótica ¬¬).El viento parecía animarse y jugueteaba con el pelo de ella que acariciaba la piel del joven. Sí, podía ser tal como lo dijo ella, todo había sido creado por él, por aquella manía de no expresarse como quería, por ese afán de hermetismo que no le hacía nada bueno, pero ¿qué iba ha hacerle si su lengua se trababa y el miedo y la inseguridad invadían su cuerpo cada vez que tenía que hacerlo? Pero todavía no era tarde, aún podía cambiarlo, y en sus manos estaba la oportunidad de hacerlo, todos podían volver,… solo tenía que desearlo.
-¿A qué le temo? ¡¿Qué a qué le temo?! -por priera vez en mucho tiempo dejó libre una lágrima que surcó su rostró hasta que la mujer la recogió dulcemente en una caricia. Kigo, vencido por la deseperación y la tensión acumulada durante su larga Odisea cayó vencido, su alma se quebró en mil y un pedazos y calló al suelo de rodillas, pero siguió bajo el firme abrazo de su ángel custodio- Temo que no me acepten, o que nadie me comprenda, temo decepcionar y ¡ser una decepción! Temo a ese terrible silencio, temo ser algo que no guste o agrade a los demás. Sí, todo está bien así -se enjuagó las lágrimas-. Un chico callado que no hace mal a nadie y se preocupa por el resto. Así ellos podrán ser felices, no tendrán otras cuestiones que les preocupes, no seré un estorbo. Si yo no puedo, ellos si lo serán. Cumpliré mi función en este mundo.
-¿Función?
-Sí función, en este mundo hay dos tipos de personas: las que son egoístas y consiguen su felicidad y sus sueños, y las que no lo son, padecen el egoísmo de los otros, pero sin embargo, lo hacen posible. Yo soy uno de ellos…
-Una visión muy triste del mundo ¿no crees?, tiene que haber manera de que todos seamos felices, ¿no?
-Nuestro mundo se basa en el egoísmo, si eres débil, te aplastan, si eres fuerte sobrevives. Yo no puedo ser fuerte, no puedo ser egoísta, primero hay que sobrevivir al remordimiento, y hace falta mucha confianza en sí mismo, y o la perdí hace demasiado tiempo como para recuperarla, pero si puedo evitar que eso le pase a los que quiero, puedo facilitarles el camino.
-¿No te importa vivir una vida que no tienes sentido? ¿De verdad deseas vivir en un mundo donde vas a ser infeliz? Puede que aún no la hayas probado, pero nadie desecha un beso porque aún no haya disfrutado o sufrido el primero, nadie rechaza el amor aunque le sea reacio. Los buscan con mas ansia, por poder conocer más, porque somos personas, la búsqueda de nuevas experiencias y sensaciones está dentro de nuestra alma, escrita demasiado hondo como para arrancarla. Es antinatural negar algo que te hará mucho bien, no vayas contra corriente.
“No debes cargar con ese peso que quieres adjudicarte, cada uno debe encargarse de lo suyo aunque nunca debe obstaculizar a los que le siguen, y si puede, lo ayudará. Dices que no lloras por no preocupar a los demás, pero en cambio no niegas nunca un consejo o un hombro para llorar, ¿por qué no dejas que ellos te ayuden también? –la mujer se volvió con unos gráciles pasos que parecían pisar el aire, pues se movía con una gracia singular y sin hace ruido ninguno, al ritmo de su armoniosa voz.
“Cambia, vacía todo eso que te disuelve y te hace daño, comparte tus pensamientos, ideas y sentimientos, no pueden ser tan malos. Este mundo no tiene porque seguir siendo así, abre sus puertas y deja que se pueble, que los niños jueguen y esos viejos critiquen lo que quieran criticar –dijo marcando un arco con la mano-. Abre tu alma al mundo. Busca tu metas y deja que ocurra. Tú decides –ella le miró a los ojos, al alma habría jurado él, y en un dulce y veraz instante fundió sus labios con los suyos para luego desparecer.
-Ya he decidido –se dijo algo extraño aún Kigo
Paro una pelota con los pies que venía seguido por un niño que no pasaría de los tres años sonriendo de felicidad. El niño se paro y le miró sin reducir la sonrisa. Kigo le devolvió la sonrisa y la pelota, y le acarició la cabeza alegremente.
-¿Le pasa algo señor?
-Todo va a cambiar chico, todo va a cambiar. Y juro que lo intentaré.

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