“Odiala” Dijo la una voz en la oscuridad. “Si quieres odiarla, odiala” volvió a irrumpir en la penumbra de mi sueño, junto a la imagen de ella alejándose de mí ignorando mis palabras enojada por algo que le había hecho y que ni yo mismo sabía. Y de nuevo oscuridad caída como un remolino turbulento de tonos negros y escarlatas de la que surgieron imágenes de cadáveres; no, no eran imágenes, eran demasiado reales, muertos y sangre, sangre y miembros destrozados y en medio, ella, bañada en un líquido espesamente rojizo suplicaba de rodillas a alguien que la dejara vivir, alto y esbelto con el torso desnudo y decorado con el néctar de la carnicería, sosteniendo un hacha de cortar madera al más puro estilo de una peli mala de terror, pero a diferencia de estas, aquel tipo daba miedo. Se volvió ligeramente para mirarme de perfil, para que pudiera observar su rostro con la barbilla ligeramente alzada desbordando una indiferente superioridad y que en contra de lo que se pudiera esperar permanecía impasible casi satisfecho, como un niño que cree que está haciendo lo correcto y espera un caramelo como recompensa. Noté el amargo sabor de la bilis en mi boca cuando mis ojos se clavaron en mí mismo, aquel demonio, me miraba fijamente pero sin sorprenderse de estar frente a sí mismo, o al menos físicamente, tan normal como se sucede la vida y la muerte.
-Por favor… –gimoteó la chica- … déjame ir…
-Calla –le dijo fríamente y se volvió ofreciéndome el mango del hacha-. Haz los honores.
-¡Qué… qué estas… estoy… QUE OCURRE AQUÍ?! –el miedo me paralizó, mientras la miraba a ella a los ojos, muerta de terror y rebosante de sangre, suplicando por unos minutos más de vida.
-¿No era esto lo que querías? Acaso no querías venganza, que sufriera por cada minuto que te ha hecho sufrir, -me volvió a acercar el hacha como intentando despertarme de un despiste- Hazlo, ¿no querías odiarla?
-Ni… ni… NI SE TE OCURRA DECIR ESO!!!! –furia, era lo único que sentía junto a una necesidad determinante de ponerme delante de ella y protegerla incluso del viento- ¡ALÉJATE DE ELLA! ¡CORRE!
Corrí todo lo que pude, pero la distancia que nos separaba parecía hacerse más grande a cada paso que daba en su búsqueda. De pronto me paré en seco, algo había cambiado, ya no llevaba mi ropa de antes, tan solo unos vaqueros ensangrentados a juego con el torso bañado en rojo y una ligera hacha con el filo romo por el uso. Y él, bueno, mi otro yo o yo que sé, seguía a su lado sonriente con los pantalones marrones y la camisa holgada que tanto solía usar, sosteniendo sonriente el hacha sobre el hombro.
-Ya me darás las gracias –y alzó el mortífero filo al tiempo que yo me lanzaba hacía él para impedir lo posible. Pero era tarde, algo rodó y los ojos de Perséfone se clavaron en los míos haciendo trizas mi alma.
-¡NOOOOOOOOOOO!!
Mi habitación. Suspiré aliviado intentando fingir que solo había sido un simple sueño, un pensamiento una idea de esas que no significan nada, productos de un macabro subconsciente fácil de reprimir. Traté de fingir normalidad en indiferencia, creer que es uno de esos sueños que les cuentas a los amigo para reírse y ver quién está más colgado de todos. André miró alertado con el ceño fruncido hacia mi habitación buscando una explicación lógica y razonable y medianamente aceptable para su talante racionalista, “¿Qué pasa contigo tío?” me preguntó con la mirada.
-Nada, solo un sueño demasiado bueno como para que se acabara.
domingo, 31 de octubre de 2010
Odiala (22/04/2010)
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