jueves, 16 de diciembre de 2010

Un barco encallado en lustria

Una de las cosas que no me gusta de la literatura de warhammer es que no hay ningún libro sobre los hombres lagarto, lo mejor que he encontrado han sido relatos de jugadores, así que pensé que por qué no empezar el mío. Esto es el comienzo de una trama que se me ocurrió un día al salir de la facultad (Sí, en vez de pensar en psicoanálisis y conducta gasto mi tiempo en cosas mas entretenidas xD), espero que las ganas no decaigan y seguirlo. :lol:
Saludos ^^


En la playa solo reinaba el silencio, hasta la sinfonía de la jungla respeta el luto del navío encallado y destrozado, seguramente por la tormenta de la noche anterior. El casco tenía un enorme agujero por el que entraba y salía el agua, pero no estaba totalmente echado sobre la orilla, ya que al ser bastante ancho solo estaba levemente inclinado hacia el sur apoyado en unas rocas. Cuaqlec, el chamán a cargo de la patrulla, se acercó primero con unos pocos batidores dejando a los saurios preparados en la playa, no eran muy agiles y tampoco imprescindibles para una tarea tan sencilla como aquella. La cubierta del barco estaba empezando a corroerse por la excesiva humedad y la falta de cuidados, solo encontraron cadáveres que el eslizón reconoció al instante, aquellos cascos negros y con cuernos incrustados, solo podían ser barbaros del norte, vástagos del Caos como afirmaban las profanas marcas de sus armaduras. Se alegró de que hubieran llegado muertos.

-Revisad el barco y comprobad que no haya supervivientes, y si los hay, matadlos –la orden fue clara y directa, acto seguido los batidores se separaron para adentrarse en la embarcación mientras el chamán bajaba a la orilla para preparar la partida.

El tiempo pasaba y los batidores no volvían ni respondían a la llamada de si jefe, Cualqec quizás se equivocó al evaluar la tarea, quizás sus hermanos estaban pasándolo mal o ya ni si quiera estaban allí… aún así organizó la partida de rescate rápidamente y empezó a avanzar con su escolta sauria. Poco antes de subir a la cubierta se escuchó un enorme rugido mientras que algo negro salió fugazmente del barco hasta alcanzar una considerable altura y se adentró en la jungla. Cualqec no se lo pensó más, subieron a cubierta, preparados a enfrentarse a cualquier cosa.

El barco era ahora muy distinto a como lo había visto antes y no había rastro de los eslizones, en su lugar había unas cosas que parecían humanos cuyos cuerpos estaban demacrados, putrefactos y descompuestos, parecían estatuas inmóviles, más cercanas a la muerte que a la propia vida, lo veía en sus ojos, cuencas vacías que exhalaban desesperación. Los no muertos se mantuvieron quietos hasta que percataron la presencia de los lagartos y se lanzaron ferozmente al ataque.

Cualqec comprendió que aquella fuerza los sobrepasaba y los aplastaría tarde o temprano, los muertos se levantaban una y otra vez, daba igual cuantas veces fueran aplastados por las espadas de obsinita, no había nada que los saurios pudieran hacer para acabar con aquellos engendros de aquel barco encallado, los únicos que morían eran los lagartos que desaparecían bajo una montaña de huesos y músculos desechos y hambrientos. Ni siquiera su magia parecía efectiva contra los zombis, y para más desgracia la magia que irradiaba el barco estaba convocando a esqueletos que se acercaban lentamente desde la jungla y se levantaban desde las arenas de la playa.

-¡Nos vamos! –ordenó el eslizón con voz chillona a la que los saurios obedecieron sin dudar, poco a poco formaron un círculo y espalda contra espalda avanzaban poco a poco entre la marea de no muertos. Los saurios no eran muy ávidos de inteligencia, pero en la batalla sabían perfectamente que tenían que hacer, no hacía falta palabra ninguna para corregir su sólida formación.

Apenas a unos metros del frente lagarto, los engendros luchaban por derribar el mástil del barco, como si quisieran atrapar algo del extremo superior o solamente aplastarlos. Cualqec se percató a tiempo, justo antes de que el enorme tronco empezara a precipitarse sobre su escolta lanzó que una ráfaga de viento mágico que desvió la fatal trayectoria del proyectil lo necesario para salvar su pellejo y librarse de algunos esqueletos. Lo que no vio venir fue un cuerpo que cayó justo encima suya, dejándolo un poco aturdido. El eslizón temió por su vida, creyendo que era una de esas cosas lo que había saltado sobre él, y sin ver nada rápidamente apuñaló al bulto con su daga. Aquella cosa no chilló como las voces guturales de los muertos, era un mujer, que al parecer había conseguido sobrevivir al esconderse en el mástil del barco. Su raza no solía albergar buenos sentimientos hacía los de sangre caliente, simplemente no los tenían y mucho menos si eran seguidores de los dioses del Caos, aún así, Cualqec nunca habría apuñalado a alguien así en unas circunstancias como aquellas, no era justo y conocía la diferencia entre una muerte con honor, y un asesinato, pero lo suyo había sido un accidente. La balanza se inclinó claramente hacia un lado cuando oyó el llanto de un niño, la mujer tenía entre sus brazos a su bebé a quién, al que había protegido de la caída. Ella aún estaba viva, pero no por mucho tiempo, el veneno de su daga acabaría por paralizar su sistema nervioso poco a poco hasta que muriera. El rostro de la humana estaba contraído por el dolor y el miedo, y se veían los surcos de las lágrimas en la piel, solo pudo pronunciar una frase:

-No dejes que lo maten… por favor... –el eslizón la miró sin saber qué hacer, no tenía por qué hacerse cargo del crío, había ocurrido un accidente, y probablemente ella hubiera muerto segundos más tarde al caer sobre la marea de cadáveres podridos. Sin embargo, algo vio en el chico que hizo que lo cogiera entre sus brazos.

-Tenemos que salir de aquí, olvídese de la cosa de sangre caliente –dijo el capitán de la unidad, a la vez que ensartaba a un zombi en su lanza- dentro de poco serán tantos que no podremos avanzar.

El chamán asintió y reanudaron la marcha, oyendo como aquellas criaturas se repartían el cuerpo de la madre en una carnicería, los saurios eran prácticamente inmunes a ese tipo de miedo, pero él se estremeció solo de pensar que podría hacer sido el próximo cuerpo demembrado. Tras varios minutos de intensa lucha consiguieron llegar a la playa y se adentraron corriendo en la selva, los muertos no les prestaban atención allí, solo querían subir al barco, cuya estructura acabó sucumbiendo ante el peso de tanta carne y vísceras y a la presión de las olas.

Una vez a salvo evaluó las perdidas, la mitad de su equipo había muerto pero habían conseguido salvar la vida, aún así tendrían que ir a informar al cacique más cercano y saber qué hacer con su nuevo “cadete”.

Posó al niño en una roca y lo examinó, piel clara y pelo moreno, con unos ojos negros como la noche. Se veía sano y fuerte, como lo habría sido su padre. Pero lo que más le llamó la atención fue sin duda las dos marcas que tenía de nacimiento, una de ellas en el lado superior izquierdo de la cabeza, era el símbolo de Chotec, el más grande de los ancestrales, el señor legítimo y Dios guerrero de Lustria; el otro sin embargo le dejó un sabor agrio en su boca, en el pecho tenía la marca de Khorne, el dios Caótico de la destrucción. ¿Cómo podía un solo ser tan diminuto e insignificante concentrar dos fuerzas tan opuestas? El chamán intentó adentrarse en la mente del crío, pero una fuerte barrera se lo impedía, aquel niño tenía tanto poder concentrado en su interior que si se hubiera expuesto unos minutos más a su mente habría caído inconsciente. Sin duda, ese niño ocuparía un lugar de honor en el Gran Plan.

jueves, 2 de diciembre de 2010

¿Qué haras cuando la ruleta vuelva a girar?

En cierto modo es un latazo que todo vaya cambiando sin parar, nada es estático, se mantiene un mero instante en su éxtasis y luego desaparece para ser otra cosa muy distinta a la que habríamos deseado. Hacía apenas unos años lo único que se pasaba por nuestras mentes era crecer, crecer y crecer, dejar el instituto y matricularte en una buena universidad donde poder vivir mil y una experiencias lejos de tu casa… ahora este niño ya no quiere seguir jugando a esto de crecer. Todo es precioso hasta que llega el momento en que tienes que aceptar que nada volverá a ser como antes, que tienes que renegar de ciertas personas y recuerdos, y aceptar otros nuevos… es lo que hay. Todo es un continua destrucción/génesis, al menos como todo tiene un lado bueno, y significa que también aquello que detestamos acabará por difuminarse con el paso del viento, jajaja está garantizado que no nos aburriremos siempre con lo mismo, y será la esperanza de ver que es próximo que nos hará feliz lo que nos renueve las ganas para seguir, eso y todos esos pequeños detallitos que nos hacen sentir bien, ¿quién no lo ha pasado pipa explotando pompitas de plástico hasta que no quedaba ninguna? ¿O leer una y otra vez los mensajes de esa personita tan especial?

Habrá cientos de personas en una vida, unas aparecerán como estrellas fugaces, se quedaran solo un tiempo y luego se irán para siempre, pero la huella que dejaran serán tan profundas por un instante… Otras que dijeron que nunca se irían se irán alejando, habrá quienes aparezcan y se conviertan en grandes aliados, descubrirás nuevas oportunidades y desde luego, siempre quedara la gente que se mantendrá firme y leal ^^

Oasis-The masterplain