Aquella
noche ella dormía sola, el había muerto pero no paraba de sentir algo, estaba allí,
la cosa estaba allí, lo sabía, ella lo sabía, él lo sabia
El
despertó, vagaba sin rumbo por la noche, nadie podía verlo pero él los veía a
todos, y todos le ignoraban, le pisoteaban y no hacían gesto de que les
importara, era como si pasaran por el aire, por el polvo, por la sombra, por
nada, pero él quería ser más que eso, que algo humano a lo que unirse, un alma
que lo necesitara
Entonces
un grito, pero nadie lo escuchó.
Entonces
intento tocarla, pero ella no le sentía, se acercó, se acercó más hasta que ella
sintió un escalofrío.
Ella
seguía sintiéndolo, como sus yemas frías acariciaban sus mejillas pero tenía
miedo, había venido a por ella y se la llevaría, igual que anoche vinieron a
por él, y se lo llevaron a las sombras, donde ella no podía verlo, para
convertirlo en la esencia de la nada, que se fuera diluyendo como la sal en el
mar, para que se perdiera en el olvido, ella lo sabía, lo iba olvidando poco a
poco; mañana nadie la recordaría a ella porque se la habrían llevado, pero no
quería correr, fingiría que no existía,
que aquella cosa no existía, hasta que se creyera su mentira y la dejara ir
creyendo que era una cascara vacía.

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