El perro volvió a caer en la
carnaza, letal y sutil trampa colocada por la mano de la dueña, la niña que le
daba de comer aquella dulce golosina, no era la primera vez pero el cachorro que ya en su tiempo se creyó
adulto volvió a caer en la misma tontería de siempre. La niña se acercaba, le
enseñaba una pequeña golosina, dejaba que el chucho se acercase y luego la
cerraba y se iba riéndose. El perro pensó
la primera vez, no más, volvió a pasar y pensó, la próxima vez seré más listo,
y ahora le ha vuelto a pasar al pobre idiota. Ahora se calla y no sabe lo que
decir tiene que tragarse las palabras que antes dijo, acepta que aún no ha
madurado y agacha la cabeza. Ya no es tan confiado, la mira con desconfianza
flexiona los cuartos traseros cuando la ve acercarse y se agacha preparándose para
saltar, pero en realidad no es más que un aviso, ladra mucho pero nunca ha
llegado a morder por no hacer daño a nada, si eso es, él nunca ha querido hacer
daño a nadie, no ha mordido a niñas en el parque ni ha perseguido a niños por
la calle, ni siquiera mordió a la mujer que le atropelló, le rompió la pierna y
se fue sin más como muestra de un corazón insensible, pero ahora la cosa puede
que haya cambiado, todo cambia y se mueve, el conductismo parece que funciona,
el perro no quiere más castigo y se defiende gruñendo y no dejara que la niña
vuelva a acercarse para reírse de él. Lo que para la niña es una simple
chuchería para el perro podría ser la única comida del día. El perro se propone
a olvidar todo lo aprendido, ahora comprende lo que es pasar de cachorro a
líder de su solitaria manada, en su tiempo no mordió, pero ahora va a defender
su territorio aunque eso le pueda costar perder una posible comida.
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